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La depresión en la infancia

No contemplaba la posibilidad de que hubiera dos iguales (y eso que yo iba con uniforme al cole…). Total, que toda esta chapa era para entender que la magnitud de un drama suele ser muchas veces inversamente proporcional a nuestra edad. Y es importante tenerlo en cuenta para entender que las preocupaciones y la tristeza no vienen sólo a partir de los 18, y tenemos que darles importancia siempre.

Resulta, además, que esta situación de pandemia global en la que nos encontramos ha supuesto una ruptura muy grande en sus rutinas, sus relaciones sociales, su educación en ocasiones… que puede traducirse en inseguridad y/o desmotivación. ¿Os imagináis un año prácticamente en blanco en vuestra infancia? Sin parques, sin juegos en grupo, sin abrazos ni apenas contacto… y, en algunos casos, con un miedo atroz al virus.

Si aparece alguna de las siguientes señales y se mantiene en el tiempo, tendríamos que plantearnos la búsqueda de ayuda:

  • Tristeza frecuente, llanto profundo.
  • Pérdida de interés en sus actividades, abandono del juego.
  • Falta de energía.
  • Aislamiento de familia y amistades.
  • Sensibilidad extrema al rechazo y el fracaso.
  • Baja autoestima.
  • Problemas de concentración.
  • Aumento de la irritabilidad.
  • Cambios en la alimentación y/o el sueño.

No olvidemos que, tengamos la edad que tengamos, somos personas, y sentimos. No menospreciemos nunca esos sentimientos.

La depresión en la infancia

Centro Psicos

«¡Ay, quién pudiera volver a la niñez! Entonces no había problemas, éramos tan felices…». Seguro que, en algún momento de nuestra vertiginosa vida adulta, hemos tenido pensamientos similares a éste.

Pero… ¡ooooohhh, sorpresa! Con 4 años (por poner una edad) también se sufre… también se tienen problemas… y pueden llegar a vivirse con tanta intensidad que desemboquen en una depresión. Lo que pasa es que, desde nuestra visión adulta, esos problemas son nimiedades. Pero visualizaros con esos 4 añitos… Yo aún recuerdo que me pasé una tarde entera llorando porque vi a otra niña con un abrigo que yo también tenía, y pensé que me lo había cogido del armario.

No contemplaba la posibilidad de que hubiera dos iguales (y eso que yo iba con uniforme al cole…). Total, que toda esta chapa era para entender que la magnitud de un drama suele ser muchas veces inversamente proporcional a nuestra edad. Y es importante tenerlo en cuenta para entender que las preocupaciones y la tristeza no vienen sólo a partir de los 18, y tenemos que darles importancia siempre.

Resulta, además, que esta situación de pandemia global en la que nos encontramos ha supuesto una ruptura muy grande en sus rutinas, sus relaciones sociales, su educación en ocasiones… que puede traducirse en inseguridad y/o desmotivación. ¿Os imagináis un año prácticamente en blanco en vuestra infancia? Sin parques, sin juegos en grupo, sin abrazos ni apenas contacto… y, en algunos casos, con un miedo atroz al virus.

Si aparece alguna de las siguientes señales y se mantiene en el tiempo, tendríamos que plantearnos la búsqueda de ayuda:

  • Tristeza frecuente, llanto profundo.
  • Pérdida de interés en sus actividades, abandono del juego.
  • Falta de energía.
  • Aislamiento de familia y amistades.
  • Sensibilidad extrema al rechazo y el fracaso.
  • Baja autoestima.
  • Problemas de concentración.
  • Aumento de la irritabilidad.
  • Cambios en la alimentación y/o el sueño.

No olvidemos que, tengamos la edad que tengamos, somos personas, y sentimos. No menospreciemos nunca esos sentimientos.

Araceli Álvarez

Araceli Álvarez

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Hola soy Izaskun, la coordinadora clínica de Centro Psicos.

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